Agresiones a periodistas: impunidad, corrupción y narcotráfico.

Foto por Diego Castillón

Héctor “El Gato” Félix

Eran las 2:58 de la tarde del primero de mayo de 2017, cuando, ante un sistema de justicia limitado e indiferente, Antonio Vera Palestina salió del la prisión de máxima seguridad ubicada en Almoloya de Juárez, Estado de México, conocida como “El Altiplano”. 27 años atrás, el 18 de abril de 1988, en compañía de Victoriano Medina, habría dado muerte al periodista Héctor “El Gato” Félix Miranda.

Ambos laboraban como guardias de seguridad del hipódromo Agua Caliente de Tijuana, perteneciente al empresario, Jorge Hank Rhon.

A pesar de que según las primeras investigaciones de la Procuraduría del Estado, los asesinos, las armas y los vehículos habrían salido del hipódromo, su dueño y señalado autor intelectual, nunca fue sujeto a investigación. Los posibles móviles del crimen al periodista habrían sido las críticas y denuncias que Félix hacía sobre corrupción, enriquecimiento ilícito, narcotráfico, torturas y asesinatos contra personas y entidades privadas, así como contra funcionarios de los tres poderes públicos de nivel local, estatal y nacional.

Como el caso de “El Gato”, en México y en el mundo existen muchos más.

Problemática a nivel mundial

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desde 2006 a 2016 fueron asesinados más de 930 comunicadores en todo el mundo, de los cuales 102 ocurrieron en el último año.

En su reporte anual, la organización internacional no gubernamental, Reporteros Sin Fronteras (RSF), destacó que temas relacionados con el narcotráfico y corrupción en políticos son los que hacen blanco de amenazas, agresiones o asesinatos a los periodistas. A esto, se le suma otro factor de riesgo: la impunidad.

El 90% de los casos de asesinatos de periodistas en todo el mundo siguen impunes, así lo declaró la UNESCO en octubre de 2017. Si el asesinato y la detención de los periodistas, así como las amenazas contra ellos, constituyen una grave violación de la libertad de expresión, la impunidad solo agrava el problema, ya que mientras que los autores de los crímenes sepan que no deberán responder por sus actos, los periodistas seguirán siendo blancos fáciles.

Debido a este clima de impunidad a nivel mundial, el organismo especializado de las Naciones Unidas, la UNESCO, ha creado diversas conmemoraciones que instan a sensibilizar a los gobiernos de países miembros y a las organizaciones internacionales y regionales sobre el tema y, de esa manera, tratar de luchar contra la cultura de impunidad existente.

En 2013, La Asamblea General de las Naciones Unidas conmemoró el 2 de noviembre como el Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas (IDEI, por sus siglas en inglés), en reconocimiento de las graves consecuencias que puede tener la impunidad de los crímenes contra periodistas. El IDEI ofrece una oportunidad para atraer la atención pública sobre la importancia de poner fin a la impunidad que rodea estos crímenes contra informadores.

A pesar de los esfuerzos internacionales por disminuir las agresiones a comunicadores, las cifras de periodistas asesinados varían notablemente cada año. En 2012 alcanzó su punto máximo con 123 ejecuciones y aunque en 2013 la cifra bajó a 91, en 2014 volvió a subir, registrándose 27 casos más que el año anterior, según la Federación Internacional de Periodistas (FIP).

En México

De los 67 asesinatos a periodistas ocurridos en 2017 en el mundo, 12 ocurrieron en México, convirtiéndolo en el país que no está en guerra más peligroso para quienes ejercen esta profesión.

De acuerdo al informe ‘Democracia simulada, nada que aplaudir’ de la organización civil Artículo 19, en el sexenio de Enrique Peña Nieto se han registrado 1,986 agresiones a periodistas; 894 más que en el sexenio de Felipe Calderón. De estas agresiones, 41 han terminado en asesinatos.

En México, los ataques contra la prensa en el país se han presentado en forma de ataques físicos o ataques contra su material de trabajo, amenazas, intimidación, privación de la libertad, hostigamiento y acoso. Según datos oficiales de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, de 2010 a 2016, se abrieron 800 investigaciones previas por agresiones a periodistas, de los cuales solo 2 obtuvieron sentencias condenatorias.

La organización civil recalca que  “a pesar de que el discurso oficial del gobierno ha culpado una y otra vez al crimen organizado por la violencia contra la prensa”, la mitad de de las agresiones contra los medios, han sido cometidos por los mismos funcionarios públicos.

Para quienes ejercen esta profesión, el panorama puede resultar desalentador: muchos de ellos analizan abandonar su trabajo o incluso, la ciudad que habitan.

Casos como el de Héctor Félix, Jesús Blancornelas y Benjamín Flores, son bien conocidos en la entidad bajacaliforniana. Estos crímenes ocurrieron en un contexto histórico marcado por la presencia del narcotráfico y corrupción política.

El fallecido periodista y Editor del Semanario ZETA en Mexicali, Sergio Haro Cordero, fue blanco de amenazas más o menos por esa época. Debido a su relación con el tema, fue entrevistado en varias ocasiones.

En Entrevista para el Radio Netherlands Worldwide, Haro Cordero dijo en 2013:

“Los medios que no abordan el tema del narcotráfico están siendo parciales, están dejando de abordar una parte importante de lo que está sucediendo en México (…) yo sé que son situaciones difíciles, pero no podemos doblar las manos. (Debemos) tomar algún tipo de prevención, ver de qué manera nos cuidamos, exigir a las autoridades que hagan la parte que les corresponde y nosotros seguir en el mismo camino.”

En cuanto al asesinato del periodista Benjamín Flores, ocurrido a las afueras de las  oficinas del periódico La Prensa, en San Luis Río Colorado, Sonora hace 21 años y que sigue impune, comentó:

“Cuando te das cuenta de todo lo que implica, de que lo mataron por el trabajo que estaba haciendo, que es el mismo que yo estaba haciendo y que era el mismo que estaban haciendo otros compañeros, entonces te das cuenta de que es un golpe para él, pero que puede ser un golpe a la vez para cualquiera de nosotros como periodistas, y que a cualquiera nos podría pasar.

En la edición semanal del 20 al 26 de abril de 2017 del semanario ZETA, la Asociación de Periodistas de Tijuana (APT) escribió en la sección Cartaz:

“Dada la gravedad de determinadas agresiones y amenazas de muerte que involucran a periodistas en Baja California, se hace un llamado a las autoridades en sus diversos niveles de gobierno, para que actúen con inmediatez a fin de evitar sucesos trágicos e irreparables”

La APT mencionó que si bien “quienes temen por su integridad física, cuentan por el momento con protección de la autoridad estatal, también es verdad que, en otras partes del país, periodistas que eran custodiados por corporaciones policiacas, han sido asesinados”.

Para detener la impunidad ante los crímenes a periodistas, y posiblemente disminuir el número de agresiones, se necesitan autoridades eficientes que investiguen exhaustiva e imparcialmente las denuncias que realizan los comunicadores, y así tal vez, revertir la terrible cifra de 90% de casos impunes a casos resueltos.

Las agresiones a medios de comunicación, atentan contra la libertad de información de la sociedad, la cual forma parte fundamental de la libertad de expresión establecida en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos como el derecho que tiene todo individuo a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

La sociedad tiene derecho a estar informada sobre lo que ocurre en su ciudad, estado, país y en el mundo; y la tarea de quien hace llegar esa información, no debería por ningún motivo ser castigada.

“La impunidad es la libertad de expresión de los asesinos.”

Francisco Goldman (2016)

Escrito por

Estudiante de 21 años de la Lic. en Comunicación y Medios Digitales.

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