Falsa libertad y aumento de violencia: fallos del feminismo radical

A pesar de que en algún momento, este blog ha sido la plataforma en la que he publicado trabajos (crónicas, artículos, etc.) relacionados y a favor del feminismo radical como método para erradicar la violencia a la mujer, en el último año mi posición respecto a este movimiento ha cambiado totalmente.

Nunca me consideré feminista, ni siquiera cuando estaba de acuerdo con algunos de sus postulados, y en los últimos meses he mencionado abiertamente que no creo que el feminismo radical de izquierda (que es el feminismo que vemos todos los días a través de los medios de comunicación digitales y tradicionales) sea la solución a los problemas de la mujer y de la sociedad en general.

A esta conclusión no llegué de un momento a otro, como también lo he expuesto. Enfrentar las ideas que tenía del movimiento con otras con las que no estaba de acuerdo fue difícil. A nadie le gusta aceptar que lo que piensa está mal o que sus opiniones no están bien fundamentadas. En este punto quiero agradecer a mi profesor, Víctor Cuadras de León, quien me enseñó a cuestionar mis propias ideas.

En esta búsqueda y enfrentamiento de ideas me he encontrado con tres tipos de feminismo, siendo uno de ellos el feminismo radical que ya mencioné.

El segundo es el feminismo disidente, que es un feminismo que sigue siendo de izquierda, pero es un feminismo en el que sus miembros son más abiertos al diálogo y presentan evidencias, más que repetir frases vacías de argumentos y falacias ad hominem, que no son más que ataques a la persona y no al argumento. Es un feminismo en el que sus representantes, tales como Roxana Kreimer (quien tiene una página llamada Feminismo científico y que he citado ya en varias ocasiones en mi Instagram) o la también argentina Valentina Ortíz, sí están de acuerdo con las leyes de cupo o cuotas en el ámbito público y en el aborto legal y gratuito, que defienden las feministas radicales, pero estas se desprenden del adjetivo “seguro” pues como cualquier procedimiento médico conlleva ciertos riesgos, por ejemplo.

Sin embargo, durante esta búsqueda me he identificado con el feminismo liberal, gracias a María Blanco que también he recomendado y citado en varias ocasiones.

Quise empezar por aclarar esto, puesto que sí creo que el feminismo es necesario en nuestra sociedad. La discriminación, el machismo o sexismo y la violencia a la mujer sí existen, pero creo que el feminismo radical está muy lejos de encontrar verdaderas soluciones a estos problemas. Para aclarar mi punto no me voy a extender en todas y cada una de las exigencias del feminismo radical, porque considero que cada una es digna de su propio análisis. 

Voy a basarme en dos puntos o exigencias que tienen las feministas radicales en España, en donde días antes a la marcha del 8M (día de la mujer), colectivos feministas redactan un Manifiesto en el que exponen los motivos de la marcha.

Explicaré mis opiniones y argumentos de este documento ya que no encontré uno redactado por colectivos feministas radicales en México en el que se expresen punto por punto las exigencias, aunque estos puntos son argumentos que he escuchado de feministas mexicanas y mexicalenses, de este modo los puntos a criticar están relacionados al movimiento en nuestro contexto. También porque como ya lo he mencionado, considero importante analizar el contexto de los países en los que el feminismo ha tenido más logros, ya que el movimiento en México crece día con día y podemos ver nuestra realidad reflejada en esos países, y España es uno de ellos.

El primer punto menciona lo siguiente:

Para que podamos ser libres, para que se consideren las violencias machistas como una cuestión que atañe a toda la sociedad y se tengan en cuenta sus distintas causas y dimensiones. Poniendo fin a aquellas que sufrimos cotidianamente en todos los ámbitos y espacios vitales (hogar, trabajo, espacios públicos, pareja, familia, entorno laboral, sociedad e instituciones del Estado). Para que haya cambios culturales, en las ideas, actitudes, relaciones y en el imaginario colectivo.

Para que podamos ser libres

Con este primer punto coincido completamente, pues me he identificado últimamente con las ideas políticas del liberalismo, y aunque dentro del liberalismo existen muchas ramificaciones, estoy más que de acuerdo con la frase “Mi cuerpo, mi decisión”. El problema es que las feministas radicales no son muy consistentes con esta frase en todas las situaciones, pues la aplican cuando de aborto se habla, pero se les olvida cuando se habla de que la propia mujer utilice su cuerpo para beneficiarse ya sea en concursos de belleza o en el de la publicidad que ellas llaman “sexista”. Tal vez haya feministas que no se identifiquen con esto, pero la mayoría de las radicales que veo y que tienen una voz importante dentro del movimiento quieren prohibir estas acciones o las castigan mediáticamente. 

Por ejemplo, cuando Brozo anunció que saldría del aire y muchas personas, no solo hombres, manifestaron su molestia en redes sociales, una periodista que se considera feminista, tuiteó:

Al tuit, le contestó la muchacha que aparece en las fotografías con lo siguiente:

Como en el caso anterior, existen muchas mujeres que quieren sacarle provecho a su cuerpo y este movimiento feminista (que según es muy empoderador) muchas veces termina por prohibir y delimitar la libertad sexual de la mujer.

Lo mismo pasa con los concursos de belleza, que los castigan porque ponen estereotipos a las mujeres, pero a la vez al prohibirlos terminan con trabajos de mujeres, utilizando un argumento que pone a las mujeres como víctimas o menores de edad que tienen que ser cuidadas de estereotipos porque “nos pueden hacer sentir mal”.

Yo creo que el verdadero empoderamiento está en que cada mujer elija cómo llevar a cabo su proyecto de vida: si quiere ser modelo o miss universo. El colectivo feminista no debería prohibirles qué hacer con su cuerpo. 

El tema de los estereotipos es un arma de doble filo: el argumento se basa en que si hay una mujer que trabaje en publicidad sexista, cosifica a todas las mujeres a través de los estereotipos que se generan a su alrededor, y para que esto no ocurra, hay que prohibir este tipo de publicidad. “Para protegernos nos prohíben hacer lo que queramos con nuestro propio cuerpo. Una ironía de quienes nos buscan liberar.”

Personalmente, creo que lo que el feminismo debe buscar es concientizar a la sociedad de que cuando una mujer toma una decisión, su decisión no habla por todas las mujeres. Las mujeres no somos un colectivo, y lo que una haga no define a las otras.

El tema de la pornografía es mucho más complejo, pues hay feministas que argumentan que esta es causante directa o indirecta de agresiones sexuales, y que quienes la consumen o la producen deben ser castigados por ley y mediáticamente. Sobre esto no hay evidencias empíricas que lo avalen, y los estudios normalmente citados se basan en hipótesis y en que los participantes de los estudios admitan subjetivamente si harían o no un acto sexual violento tras el consumo de pornografía, sin mostrar resultados reales. 

De lo que sí hay estudios es que en países como República Checa, Japón, Hong Kong y China, hubo una disminución de abusos sexuales cuando la pornografía comenzó a ser más accesible a la población, que cuando no lo era. Sobre esto recomiendo el video en YouTube de Un Tío Blanco Hetero en donde muestra varios argumentos sobre el tema y en la descripción pueden encontrar los estudios que cita. Así como los videos de Roxana Kreimer.

Para que se consideren las violencias machistas como una cuestión que atañe a toda la sociedad y se tengan en cuenta sus distintas causas y dimensiones…”

Me parece muy bien que sea pongan sobre las mesa las violencias machistas, pues a través de la concientización se pueden hacen grandes cambios sociales-culturales. Sin embargo, cabe mencionar que las actitudes machistas o sexistas no solo afectan a las mujeres, sino también a los hombres y esto es algo que muy pocas veces se menciona. Lo que se ve es una dialéctica de “hombres fuertes y mujeres débiles”, como lo describe María Blanco, y no como una concientización que se deba hacer por toda la sociedad… y si el sexismo o machismo afecta tanto a hombres como mujeres, ¿por qué los hombres no pueden luchar o manifestarse junto a las mujeres? 

Por otra parte, si se quiere “que se tengan en cuenta sus distintas causas” habría también que señalar que el machismo o el sexismo también es inculcado por mujeres y que algunas de las cosas que ellas consideran machistas no lo son.

Lo anterior lo menciono pues hoy en día es muy común que, a través de redes sociales, los usuarios expongan actitudes o situaciones que viven en su día a día, y las señalen como “machistas” o “misóginas”.

Por ejemplo, en días anteriores me topé con una historia en Instagram en donde una muchacha que conozco comentó o denunció que mientras ella trabajaba de edecán, un muchacho de su trabajo comenzó a platicar con ella y después de un rato le preguntó si ella salía mucho de antro, a lo que ella concluyó que esa era una pregunta machista por el contexto en el que estaba y porque no lo conocía. Tras esto, ella le preguntó que si qué tenía que saliera mucho de antro y él le contestó que para ver si salían un día…

Tras publicar esta historia, le argumenté a la muchacha que esta pregunta no me parecía machista, pues es una pregunta que se puede hacer de un sexo al otro sin problema alguno y que es algo que personalmente he preguntado y nunca se me ha considerado sexista o hembrista. La muchacha argumentó que ella tenía novio y no buscaba coquetear con nadie. Sin embargo, ¿cómo podría saber él que ella estaba en una relación?El coqueteo es un acto natural que es ejercido por hombres y mujeres…

En su lugar, tal vez yo habría considerado machista, si al contestarle que sí salía mucho de antro, él le dijera “las muchachas que salen mucho de antro se ven mal”, o algo por el estilo, lo cual no ocurrió. Como dice la filósofa argentina, Roxana Kreimer, “si violencia (o machismo agregaría yo) es todo, termina siendo nada”. No creo que se deba castigar la palabra en el ámbito privado sin tener una medida de lo que se considera machista, hembrista o sexista en general… porque si lo vemos del otro lado, si ponemos al hombre como el afectado, ¿podría considerarse sexista o hembrista la misma pregunta al suponer que el hombre, por ser hombre, recurre continuamente al alcohol, a la fiesta, etc.?

Por otra parte, si volvemos un poco al punto sobre el sufrimiento de las mujeres en el ámbito del hogar o familiar, según el análisis de más de 500 estudios alrededor del mundo, la violencia en la pareja heterosexual ocurre de manera bidireccional, y que la violencia que ejerce la mujer no es meramente defensiva, es decir, no es que la mujer actúe de manera violenta como respuesta de un acto violento del hombre, si no que “la mujer es, estadísticamente, la principal iniciadora de las agresiones en la pareja”

Para que haya cambios culturales, en las ideas, actitudes, relaciones y en el imaginario colectivo.”

En lo personal, sí creo que debe haber cambios en estos ámbitos, pero la pregunta sería ¿cómo quieren que se den esos cambios? Muchas veces la respuesta de las feministas es que sea por medio de la fuerza, ya sea la del Estado o de los propios individuos de la sociedad, y no creo que estos cambios deban hacerse de esta manera. No puede llegar un día el Estado o una persona bajo el discurso “buenista” y castigar ideas que son contrarias al discurso políticamente correcto de hoy, porque se estaría coartando la libertad de conciencia, opinión y expresión del individuo, que según el liberalismo es la minoría más importante de una sociedad. El cambio debe ser producto del intercambio de ideas y de la buena argumentación, posibilidad que vemos cada vez más lejana con declaraciones como las siguientes:

De nuevo, habría que determinar qué actitudes en específico se quiere castigar, por ejemplo, hay feministas que consideran violencia que en una pareja heterosexual, el hombre le diga alguna grosería a la mujer, pero no es violencia que una mujer se lo diga a un hombre.. eso es no tener congruencia ni lógica. “Un acto es moral o inmoral independientemente de quién lo realice.”

Por ejemplo, en España en 2016 tras una discusión que se llevaba a cabo por WhatsApp entre una pareja heterosexual, en donde el hombre le dijo a su novia “Vete a la mierda” y la mujer le respondió “A la mierda te vas tú”, sustituyendo la palabra “mierda” por un emoji; la mujer lo denunció a las autoridades por violencia machista, y a pesar de que ella también lo había mandado a la mierda, el hombre pasó la noche en la cárcel para después ser enviado directamente al Juzgado número uno de Violencia sobre la Mujer de Granada, donde el juez lo condenó a “una pena de localización permanente en domicilio diferente y estar alejado del de la víctima durante cinco días”.

Con esto pasamos al segundo punto del Manifiesto Feminista.

Para que la justicia nos crea y deje de aplicar una lógica patriarcal, para que se apliquen de forma efectiva las leyes contra las violencias machistas y se amplíen para incluir la violencia sexual. Para hacer efectiva la verdad, la protección, la reparación y la justicia a quienes somos víctimas de las violencias machistas. 

“Que la justicia nos crea”

Es importante aclarar que no es obligación de la justicia creerle a todo aquel que denuncia. Claro que debe tomar todas y cada una de las denuncias y darles seguimiento para corroborar las pruebas que denunciante y acusado presentan, así como las consistencias en su relato y, en caso de haber, el de los testimonios. Pero la justicia no cree y con base a la creencia, determina una sentencia.

Hay un fundamento en derecho que se llama la carga de la prueba, en la que quien acusa a alguien de cometer un delito contra su persona, debe probarlo y así se llega al principio de inocencia en el que “todos somos inocentes hasta que se nos demuestre lo contrario.” El pretender que la justicia debe creerle a una mujer por ser mujer, de que alguien ha cometido un delito contra su persona, quebranta estos principios, así como el de igualdad ante la ley, pues si un hombre acusara a la mujer de haber cometido un delito contra su persona, no bastaría con su palabra para sentenciarla. 

Esto ha dado paso, de nuevo en países como España, sentenciar a hombres sin tener en cuenta en los principios de igualdad ante la ley ni el de inocencia, como ocurrió en el Caso Arandina.

Cabe recalcar que el principio de inocencia no es sinónimo de impunidad, pues cuando compartí este caso en Facebook, una conocida que se considera feminista comparó este principio con que el acusado de un delito de violación y asesinato quedó impune y lo vió rondando por su casa, caso que desconozco pues tampoco dió detalles de él.

Sin embargo, es importante aclarar que hay diversos factores que pueden intervenir para que un caso de tal magnitud resulte impune, y en efecto, uno de esos factores puede ser la corrupción. Pero no se puede asegurar que todos y cada uno de los delitos que le ocurren a mujeres y que quedan impunes, sea resultado de una “justicia patriarcal”.

Por ejemplo, según un artículo publicado por Animal Político, en México más del 90% de los delitos cometidos en el país no se resuelve, es decir, no solo los delitos cometidos contra mujeres, es que casi todos los delitos cometidos en el país quedan impunes.

¿Por qué? El artículo menciona que uno de los factores es la falta de recurso humano pues a nivel nacional hay apenas 2.8 agencias del Ministerio Público por cada cien mil personas, y a penas 0.9 jueces por cada cien mil habitantes, casi nueve veces menos que la tasa a nivel latinoamérica.

Si desconocemos estos datos, como sociedad es imposible que encontremos soluciones para que los delitos que sean cometidos a hombres o mujeres no queden impunes, y la ignorancia de la imagen completa en el ámbito de la violencia también se ve reflejada en frases como “nos matan por el simple hecho de ser mujeres”, que tanto utilizan las feministas radicales.

Este argumento es una simplificación tremenda del fenómeno de la violencia que si se ve de esta forma, se dejan de buscar las verdaderas causas detrás de un asesinato a una mujer. No es que un día el hombre, en una pareja heterosexual, se levante y descubra que su pareja es mujer y que por eso la mate… suena tonto, sí, pero a eso se reduce la popular frase.

Según el Código Penal de Baja California, que hizo la última reforma del delito de feminicidio en su artículo 129 en el año 2015, el matar por razones de género a una mujer se acredita por cualquiera de las siguientes circunstancias:

  • Que haya existido una relación de parentesco por consanguinidad, afinidad, matrimonio, concubinato, noviazgo o amistad entre activo y víctima.
  • Que haya existido una relación laboral, docente, o cualquier otra que implique confianza, subordinación o superioridad.
  • Que haya violencia sexual de cualquier tipo.
  • Lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones previa o posterior a la privación.
  • Que hayan existido antecedentes de amenazas, acoso o lesiones.
  • Que el cuerpo haya sido expuesto o arrojado en un lugar público.
  • Que la víctima haya estado incomunicada.

Regresando un poco al principio de igualdad ante la ley, tenemos que ponernos a pensar que si un hombre es asesinado y cumple una o todas las circunstancias anteriores, no se considera que haya sido un asesinato por razón de género, y aquí es donde se quiebra este principio.

En muchos asesinatos cometidos a hombres se cumplen por lo menos tres de las circunstancias previstas en el artículo 129: las mutilaciones, la incomunicación previa al asesinato de la víctima y la exposición del cadáver. Pero como sabemos o deducimos en su mayoría, las causas de estas manifestaciones horrorosas de violencia son el narcotráfico y el crimen organizado, y no son asesinatos por razones de género. Entonces, ¿por qué no pensamos que existen otras causas distintas al género detrás de los asesinatos a mujeres?, ¿dónde quedan factores como la drogadicción, el alcoholismo, o los celos que no son propios de un sexo u otro? Si se ve como “nos matan por ser mujeres“, se queda con la impresión de que quien mata a mujeres, es por lógica el hombre. Y no es así. 

Hay algo que es verdad, y es que cuando hay un aumento de los asesinatos de mujeres (o feminicidios como dice la figura legal) no es que solamente aumenten las privaciones de vida a este sector de la población, sino que los asesinatos en general aumentan, y siendo las mujeres la mitad de la población es imposible pensar que los asesinatos hacia ellas no lo hagan. Las dimisiones en el código penal de delitos como el feminicidio poco o nada han hecho para disminuir la cantidad de mujeres asesinadas. 

Feminicidio en el Código Penal de Baja California

La primera reforma que se hizo al delito de feminicidio fue en el año 2012, año en el que según el INEGI, fueron asesinadas 77 mujeres en el Estado. Los dos años posteriores a esta reforma, según el INEGI la cifra se mantuvo y en 2015, año en el que se hizo la última reforma del delito de feminicidio y en el que se agregaron cinco circunstancias o requisitos para que se considerara el asesinato de mujeres un feminicidio, la cifra aumentó a 109. Desde ese año, el número de mujeres asesinadas no ha hecho más que aumentar: en 2016 se registraron 130 asesinatos, en 2017 fueron 205 y en el año 2018 llegaron a ser 264.

En 2017, se publicó el libro “La vida en rosa: las muertas de Mexicali”, escrito por el fallecido periodista Sergio Haro, quien hizo una recopilación de crónicas sobre 16 asesinatos cometidos a mujeres en un periodo de 5 años y 9 meses en la capital. Gracias a sus crónicas podemos analizar los factores detrás de estos asesinatos, en donde encontramos que las drogas, el alcohol, los problemas económicos y los celos, jugaron un rol importante en estos actos violentos.

En el libro, se cita al doctor en Ciencias Sociales y Maestro en Criminología por la California State University, Pablo González, quien menciona que uno de los factores que se deben analizar detrás de los asesinatos de mujeres en lo últimos años en Baja California, es la mayor o menos injerencia de la mujer en prácticas relacionadas con el narcomenudeo, añadiendo que en años anteriores, la extinta Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) calculó que de los asesinatos a las mujeres el 15% estaba relacionado a la delincuencia organizada, 20% temas pasionales, 20% violencia intrafamiliar, 35% narcomenudeo y 10% desconocido.

El experto, también menciona que situaciones de violencia intrafamiliar están relacionadas, en el fondo, con condiciones socioeconómicas, machismo, consumo de alcohol, drogas y condiciones psicoemocionales. Y aunque menciona el machismo como uno de los factores, no es el único, como lo predican las feministas.

“Las condiciones económicas cuando no les resulta favorables, genera un impacto de frustración y está ligada con la agresión.”

Pablo González

En este apartado del libro, González incluye también en su análisis el factor biológico sobre los instintos y emociones en el ser humano. Mencionando que “los seres humanos estamos muy influenciados por los instintos” y que si bien podemos frenar muchos instintos, cuando un individuo no puede hacerlo, puede precipitar actos de violencia intensa; mencionando por ejemplo, las infidelidades, situación que no es distintiva de un sexo u otro.

Escrito por

Estudiante de 21 años de la Lic. en Comunicación y Medios Digitales.

Un comentario sobre “Falsa libertad y aumento de violencia: fallos del feminismo radical

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s